Prisiones digitales para diseñadores gráficos: del software privativo al software libre

magina que pretendes ingresar a una de las mejores escuelas de fotografía y que uno de los requisitos para ello, dice:

“En esta escuela sólo usamos herramientas de calidad, por lo que para todas las tareas es necesario y requisito indispensable, contar con la línea de productos Nikon en cámaras y lentes”1

Seguramente te preguntarías: ¿por qué esta escuela se limita al uso de una sola marca de cámaras y lentes?; ¿por qué Nikon?; si yo tengo Canon, ¿tengo que comprar una Nikon?.

Por muy ridícula e improbable que parezca la suposición, esto es lo que sucede en la gran mayoría de las escuelas de diseño gráfico en México, ya que si bien, no tienen como requisito el uso de una sola marca de cámara fotográfica, si supeditan sus clases de herramientas digitales al uso de un sólo tipo de programa, una sola y única marca, y con ello, muy probablemente, una sólo manera de resolver digitalmente sus requerimientos de producción.

Si exploramos un poco en la historia, veremos que desde 1984, el diseño gráfico y algunas otras artes digitales han estado relacionadas íntimamente con herramientas computacionales (Meggs, 2009). Desde entonces, la Macintoch es concebida como el equipo imprescindible para el diseñador; el omnipresente Photoshop, el Illustrator, Corel Draw, Flash, como programas casi irrenunciables y estrechamente asociados a la profesión del diseño. Las razones: que son los más usados, que son programas que cubren todos los requerimientos del mercado, que son de excelente calidad… que no existen otros.

Sin embargo, pocos o casi nadie sabe que estos programas restringen y privan de varias libertades al usuario y que por ello, es conveniente problematizar y cuestionar su uso.

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